¿Cómo era la caza del oso en España?

Buscando a través de internet, podemos ver imágenes antiguas sobre la caza del oso en España. No ha llovido tanto desde que  se prohibió definitivamente su caza, en el año 1967. Antes, hubo un período de veda generalizada en el país de 5 años (del año 1952 al  1957) para que la población se recuperara, pero definitivamente, en el año antes mencionado,  se protegió hasta hoy en día.

Según el Tratado de Caza de 1846 (D. Carlos Hidalgo y D. Antonio Gutiérrez González), se describe al oso como una alimaña en aquella época y además, narra ciertas normas para cazarlos:

DEL OSO

Estos animales son de mayor tamaño que un gran mastín y mucho más corpulentos; la cabeza es algo parecida a la del perro, aunque más ancha por la parte superior; las orejas cortas, anchas y tiesas; los ojos pequeños; las piernas y brazos cortos y sin juego en los corbejones y rodillas; los pies y manos largos y los  dedos gruesos y muy juntos, con cinco grandes uñas a su remate; la piel es gruesa; el pelo pardo oscuro y muy espeso y no tienen cola; su vista es muy perspicaz y se hallan dotados de un excelente oído y olfato. Son de índole muy colérica y temibles, particularmente cuando se les irrita; y su vida es de veinte a veinticinco años.

Las hembras paren en el invierno uno, dos, tres o cinco hijuelos a lo más; habitan en lo más sombrío y solitario de las grandes montañas y en cuevas formadas entre los peñascos más inaccesibles, y se alimentan de frutos y carnes, causando grandes daños en toda especies de ganados.

La caza de los osos no deja de ser peligrosa, porque cuando éstos ven al cazador suelen dirigirse hacia él para acometerle, levantándose sobre las piernas cuando se aproximan, con objeto de abrazarle y ahogarle; siendo esta la ocasión cuando en que es preciso tirarle con acierto, pues de lo contrario acometen con más furia; este es el motivo por el que se reúnen varios cazadores para defenderse mutuamente en caso necesario, en razón a que no sirve guarecerse de los árboles, porque suben a ellos con facilidad; debiendo ir todos provistos de escopetas de dos tiros, pistolas y buenos cuchillos de monte.

Los perros que se usan para cazar los osos, deben ser pequeños, porque a los grandes los despedazan con suma facilidad si los acometen. Cuando se ven acosados, suelen respaldarse al tronco de un árbol, alrededor del cual recogen piedras que despiden con admirable fuerza y destreza a los que los persiguen.

En los países donde hay gran abundancia de osos, suelen cazarlos y destruirlos haciendo grandes monterías y acorralándolos hacia un punto en que tienen dispuestos ciertos hoyos, cubiertos con unas trampas que vuelven a quedar en su primitiva posición después de haber caído; matándolos después a tiros desde arriba.

Oso y lobo cazados en Picos de Europa. Fuente: 'Osos'
Oso y lobo cazados en Saja (Picos de Europa, 1917). Fuente: Libro ‘Osos’ de Jesús García

Al igual que sucedía con los alimañeros, los cazadores que abatían algún oso pardo eran venerados y muy considerados. Era tan importante la hazaña para los núcleos rurales, que en muchos casos, se les conmemoraba con una placa inmortalizando la gesta y dándole, en nombre de todo el pueblo, agradecimiento eterno.

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Placa de agradecimiento al cazador de un oso. Fuente imagen: revista Jara y Sedal.

Según fuentes de la Fundación Oso Pardo, en el año 2014, la población de oso pardo evoluciona favorablemente y se encuentra concentrada en la Cordillera Cantábrica (subpoblación occidental con 200 osos y subpoblación oriental con 30 osos) y los Pirineos (subpoblación del Pirineo occidental con 2 osos y subpoblación del Pirineo central con 25 osos).

Su caza fue un episodio de lucha entre el hombre y el medio rural para poder subsistir. En aquella época no se tenía el conocimiento, ni los medios con los que ahora contamos. Fue una historia trágica que llevó casi al exterminio de la población de oso pardo en España pero no  debemos mirar atrás condenándola sino verla como algo que sucedió fruto de la mala gestión y la ignorancia, nada más. Como cazadores, tenemos que mirar hacia adelante, proponer y poner, en la medida de lo que sea posible, de nuestra parte para ayudar a recuperar de manera definitiva el gran legado que dejaron los individuos que quedaron en la Cordillera Cantábrica y los Pirineos.

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